Las Sociedad de Inversión en Capital Variable (en adelante SICAV) han sido motivo de polémicas discusiones tanto en prensa especializada como en foros políticos. Sin hacer una valoración subjetiva, en este post vamos a analizar sus características para entender su composición y funcionamiento, ya que tu mismo puedes ser accionista de una de las muchas SICAV que cotizan en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB).

Una SICAV es una sociedad anónima que se rige por la ley de instituciones de inversión colectiva. Su función es invertir el dinero de sus accionistas para obtener un beneficio. El capital mínimo para constituirla son 2.4 millones de € (a diferencia de un fondo de inversión, que son 300.000€) y debe de estar formada por al menos 100 accionistas. Las aportaciones para constituir el capital se harán en dinero, valores negociables en mercados secundarios u otros activos que puedan dotar de liquidez a la sociedad.

A diferencia de un fondo de inversión, no necesitan una sociedad gestora que decida como invertir el patrimonio, aunque si podrá estar asesorada por una. Tendrá un consejo de administración y una junta de accionistas. Sí necesitan un banco depositario que custodie los valores en cartera.

El capital social de la SICAV esta dividida en acciones, y esta puede solicitar la cotización en bolsa de valores, cumpliendo una serie de normas especiales. Cómo hemos dicho anteriormente, estas cotizan en el MAB. Pueden tener una política de inversión en sus estatutos, aunque normalmente son sociedades de inversión global, sin establecer restricciones a la hora de inversión en activos, zonas geográficas, uso de derivados, divisas, etc… Muchas no están abiertas al público general, y a diferencia del fondo, se constituyen para tener un mayor control sobre las inversiones a realizar.

Aunque es una sociedad anónima, esta no tributan en el impuesto de sociedades al tipo general, sino que tiene una importante bonificación, solo tributa el 1% del beneficio anual. Esta tributación es el objetivo de todas las criticas, ya que se considera un agravio comparativo frente al resto de sociedades. Lo que no se tiene en cuenta es que, al igual que en un fondo de inversión, el accionista al vender las acciones de la SICAV tributa de la misma manera, del 19% al 23% según el beneficio. Veamos un ejemplo:

  • Compra de acciones de SICAV – 10,000 €
  • Beneficio tras 1 año (2%) – 10,200 €
  • Tributación 1% Beneficio anual – 10,198 €
  • Tributación IRPF tras venta (19%) – 10,160 €
  • Beneficio – 160€

De hecho, se tributa más por la plusvalía de venta de acciones de SICAV que por cualquier otro producto. La ventaja de usar este instrumento, es poder realizar inversiones conjuntas con otros capitales y tener más poder de decisión que estar a merced de las operaciones delegadas en una sociedad gestora.

Los expertos afirman que las criticas a la SICAV deben de venir por otra vía. Muchas de ellas están controladas por una sola persona, y los 99 accionistas restantes son meros accionistas figurantes. Estos es una ventaja del individuo con gran patrimonio, donde puede articular una sociedad de inversión donde puede diferir impuestos decidiendo sus inversiones, sin tener que delegar estas en una sociedad gestora

Otro problema es que la Agencia Tributaria no puede inspeccionar estas sociedades, es la CNMV quien tiene esta potestad. Hay voces que afirman que esto conlleva irregularidades, tales como que un accionista puede realizar gastos personales con cargo a la SICAV sin necesidad de reembolso de dinero y su consiguiente tributación. Por otro lado, se defiende que Hacienda no debe controlar las SICAV ya que es mejor que los controles de inversión, tales como coeficientes de liquidez, comunicación a participes, diversificación y concentración de riesgo, sea tarea de la CNMV.

A cierre de primer trimestre de 2017, el número en España de estas sociedades era de 3.077 con un patrimonio total gestionado de 32.644 millones de €.i

iFuente: Economista.es

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