Uno de los grandes errores de los padres, es creer que deben dejar a sus hijos la mayor herencia posible para que no les falte de nada y tengan una vida mejor que la suya.

¿Por qué ocurre esto? Ocurre principalmente porque un padre quiere mucho a su hijo y quiere lo mejor para él.

Por lo general, nuestros padres provienen de otra generación, donde han visto escasez, pobreza y mucho sacrificio. Lo han pasado mal.  No es extraño que su tendencia sea acumular y dejar a los hijos aquello que no han tenido. Dejarles la “vida resuelta”.

Es muy digno, pero quizá no es lo más sensato. Si un hijo sabe que “tendrá la vida resuelta”, se vuelve cómodo, sin interés ni motivación por aprender. Alguien con dinero y sin educación financiera es una bomba de relojería.

El mejor regalo a un hijo es invertir en su educación y cuanto antes mejor.  La solución nos la da el proverbio chino:

“Dale un pez a un hombre, y comerá hoy. Dale una caña y enséñale a pescar y comerá el resto de su vida”

Cuando era pequeño mi padre me inculcó ya algunos fundamentos financieros sin darme cuenta.

Yo, de pequeño, era muy ahorrador y guardaba el dinero en una hucha (caja de cartón) y de vez en cuando me gustaba sacarlo para contarlo. Mis hermanos decían que era muy pesetero.

Mi padre, empresario, me animó a que comprara acciones de su empresa. La empresa era pequeña y no cotizaba en bolsa claro está y el dinero que yo le daba (4 duros) se lo guardaba al bolsillo y lo juntaba con el suyo (yo era pequeño y realmente no era muy consciente de lo que hacía con el dinero).

Me explicaba que la empresa iba bien y tenía beneficios. Y si esperaba un tiempo y todo iba bien, podría tener una parte de esos beneficios más la aportación que había hecho. También podía ir mal y perder la inversión, pero esa parte yo la ignoraba. ¿Cómo me iba hacer eso mi padre?

Yo intrigado cada semana le preguntaba como iban mis acciones, era como un juego que teníamos ambos, hasta que un día me dijo que la empresa había obtenido beneficios y mi dinero había aumentado. Pero me advirtió con más énfasis que la semana siguiente podría haber menos ventas y afectar a mis acciones. Que el negocio era así, a veces va bien y a veces va mal. Yo que me olía que lo mismo me quería dar alguna lección y como era un “pesetero” en cuanto me dijo que a la semana siguiente podía perder enseguida quise que me devolviera el dinero con mis ganancias.

Siempre hemos recordado esta historia para recordarme como pedí rápidamente el dinero para no perder una peseta.

Con el tiempo me di cuenta que ese juego tuvo más repercusión en mi de lo que creía. No me extraña que mis estudios oficiales se encaminaran a las finanzas.

Algo claro descubrí, no me gustaba perder dinero y mi aversión al riesgo era muy alta.

Sin saberlo eran mis primeros pinitos con las inversiones y con el concepto de las acciones (aunque fueran ficticias). Luego con el tiempo, descubrí que ese reparto de beneficios son los dividendos de una empresa.

Me di cuenta que el dinero puede trabajar para ti. Si quieres sacar potencial al dinero tienes que invertir. Que la relación tiempo-dinero es muy importante. Que poseer acciones que dan dividendos es un activo.

Esto es una simple anécdota, pero quiero que entiendas lo relevante que puede ser enseñar a tus hijos desde una temprana edad, si quieres que establezcan una relación saludable con el dinero y alcanzar el éxito financiero.

Por ejemplo, si nadie te explica la conexión del tiempo y el dinero puede que vivas toda tu vida con una venda en los ojos.

¿Os habéis preguntado cuanto vale vuestro tiempo? Podéis hacer la cuenta ahora mismo. Es fácil si cobráis 1000 euros al mes por 40 horas semanales. Una hora de tu tiempo vale aproximadamente 6 euros.

¿Te parece mucho o poco? Se consciente de que el tiempo del que dispones es limitado. Si fueras inmortal la película cambiaba.

Desde la infancia hay que educar a nuestros hijos en las finanzas. Y aunque no se enseñe en los colegios (vamos mejorando) no significa que sea menos importante.

Debes comprometerte con su educación financiera. Y cuanto antes mejor.

Puedes involucrarle desde muy temprana edad en la economía doméstica de la casa. El presupuesto familiar, y su asignación a las diferentes partidas, alimentos, ropa, cuotas, etc. La gestión de las cuentas con el banco o las vueltas en los restaurantes.

Puedes empezar a enseñarle la importancia de un consumo responsable del agua o no tener todas las luces de la casa encendidas.

Una de las mejores formas de enseñar y aprender cuando son pequeños es jugando. Si lo haces divertido mejor. Hoy día para los pequeñajos hay muchos cuentos o juegos con grandes historias para introduciros en sus primeras lecciones económicas

Pero sobre todo, enséñales a pensar. A no dar las cosas por sentadas. A rebatir las ideas. A ver las dos caras de la moneda, y además el canto. No frustres su espíritu. Muéstrale que el tropiezo forma parte del aprendizaje como algo natural.

Hazles pensar:

¿Estudiar duro para obtener un empleo o estudiar duro para no necesitar un empleo?

Me gusta un párrafo del libro niño rico, niño pobre de kiyosaki:

“ La gente que va en busca de trabajo a menudo encuentra trabajo. Yo no busco trabajo. Yo no busco un empleo. He entrenado mi mente para que busque oportunidades de negocio y de inversión. He aprendido hace mucho tiempo que encuentras sólo aquello que tu mente ha sido entrenada para buscar. Si quieres ser rico, necesitas educar tu cerebro para buscar las cosas que te harán rico.. y un empleo no te volverá rico, así que no vayas a buscar uno”.

Al ritmo que evolucionan los tiempos, es importante la flexibilidad, reinventarse y la adaptación. Que funcione algo hoy no significa que lo haga mañana. Fomenta esas cualidades en los más pequeños y no tendrás que preocuparte de su futuro económico.

Por cierto, por si aún no lo sabías, los pequeños imitan las acciones que realizan sus padres. Así que si predicas, hazlo con el ejemplo.

Jose

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